miércoles 12 de diciembre de 2018 - Edición Nº2390
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Compartiendo Sabores del Mundo: Tortilla Española.

Sus habitantes son millones, tanto españoles como de diversas nacionalidades (muy seguramente encuentres al menos un argentino cada dos cuadras). Cada distrito de la ciudad es completamente diferente al vecino. Hay sierras y mar; vida joven y un estilo más relajado; líneas de subte y bicicletas por doquier.

Por: Redacción

Cuando hablo de Barcelona no puedo evitar imaginarla como un campo de mini-golf. Es una ciudad inmensa y pequeñísima a la vez.

El último hoyo, se encontraría en el corazón de la ciudad, el barrio gótico. Un laberinto de altos muros, pasadizos y plazas ocultas; oscuro de día, por lo que realmente terrorífico de noche.

De aquí hacia el Sur nos chocaremos con la arena y las olas. La zona turística más engalanada.  Un puerto comercial fabuloso, restaurantes de lujo, casino y la extensa “Barceloneta”; famosa playa que se extiende hacia el Este y finaliza en el shopping más importante de la metrópoli.

En cambio, si nos dirigimos hacia el Oeste, nos encontraremos con pequeñas formaciones montañosas. Ideales para disfrutar de la vista aérea de este “campo imaginario”. También por la zona aún perdura la villa olímpica, despoblada y diría que parcialmente abandonada. A uno le da una sensación fantasmagórica.

Para el Norte, se debe trazar una línea bien definida. Del lado Noroeste quedará la ciudad universitaria, la zona comercial, el Camp Nou (sede del Futbol Club Barcelona).Del otro lateral entraremos en el barrio “Gracia”, anhelado por todos los catalanes, ya que su belleza y tranquilidad es indiscutible.

Muy cerca de este último lugar, se ubica lo que sería la principal atracción, tal vez el hoyo más complicado de anotar: la deslumbrante Sagrada Familia y quizá “deslumbrante” no alcance como adjetivo para idealizarla. Al verla, me sentí helada, emocionada, como si el tiempo se detuviera en ese justo instante en que uno inspira e inconscientemente se ve obligado a retener el aliento. Nace con ella, mi admiración sin límites por Gaudí, su arquitecto.

Algo similar me ocurrió aquella vez que visité Roma y me vi frente a la Fontana Di Trevi. A ambas las quise visitar en distintos horarios del día, las observé y fotografié de cada ángulo, sin habla; sólo que a esta Iglesia, también la pude disfrutar desde su interior.

Dijo Gaudí alguna vez, que para ser exitoso hay que ser original. Y expuso esta última palabra como derivado de “origen”. Nuestro origen es, sin duda Argentina, pero les comparto, esta vez, una receta originaria de su país, España.

Ingredientes:

*1kg Papas

*200g Chorizo colorado

*Sal y Pimienta

*Aceite

Pelar las papas y cortarlas en rodajas de no más de medio centímetro de espesor.

Dejarlas reposar al menos una hora en agua muy fría. Secarlas.

Calentar abundante cantidad de aceite y cuando se encuentre a 180°C ir cocinando las papas hasta que estén bien doradas por fuera y tiernas en su interior. Dejarlas descansar unos minutos en papel absorbente.

Colocar los doce huevos en un bols, salpimentar y batirlos. Cortar el chorizo en pequeños cubos. Mezclar los huevos con las papas y el salame.

Calentar una sartén con una fina capa de aceite. Verter la mezcla. Es importante que el aceite este realmente caliente, sin llegar al punto en que desprende un ligero humo, ya que esto evitará que nuestra tortilla se pegue a la sartén.

Cuando los bordes toman forma, dar vuelta la tortilla. Para ello podemos ayudarnos girando la sartén sobre un plato playo y luego depositando nuevamente la tortilla dentro de la misma.

Llevar el fuego al mínimo y tapar. Dejar cocinar hasta que el huevo coagule.

¡Para sentirnos verdaderamente españoles, cortar una porción y ponerla entre dos panes, a modo de sándwich!

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