Cuando comienza a perderse un partido? En el caso del imborrable Camerún 1Argentina 0 del Mundial de Italia 90, hay una respuesta evidente: fue a los 67 minutos de juego, con el cabezazo de Francois Omam Biyik que enmudeció a todo un país. Pero hay otras respuestas, la mayoría de ellas desconocidas hasta hoy. Y se resumen muy fácil: la Argentina de Diego Maradona y Carlos Salvador Bilardo perdió ese partido antes de empezar a jugarlo.

Es lo que dice Thomas N’Kono el arquero de los cameruneses en aquel encuentro. Durante una entrevista con el hoy entrenador de arqueros del Espanyol de Barcelona marca tres situaciones previas al gol de Omam Biyik, dos de ellas decisivas y anteriores al partido. Ese choque del 8 de junio de 1990 en el estadio Giuseppe Meazza, también conocido como San Siro, fue señalado semanas atrás por un columnista del “New York Times” como uno de los seis partidos esenciales de la historia del fútbol. N’Kono no podría estar más de acuerdo.

“No podíamos creer lo que habíamos conseguido, porque, quieras o no, Argentina era la campeona y, sobre el papel, la favorita”, dijo N’Kono, de 63 años.

— ¿Qué se habían propuesto antes de aquel partido? ¿Pensaban realmente en ganar como algo probable?

— Lo que buscábamos más bien era hacer un partido que complicara un poco a Argentina. Sabíamos que eran muy importante los minutos iniciales del partido, hacerlos dudar de sus capacidades. Y es lo que hicimos al principio.

— Terminaron llegando a cuartos de final. Aquel Mundial fue un hito no solo para Camerún, sino para todo África, que nunca había estado entre los ochos mejores.

— Ese Mundial fue un antes y un después, sí. Si para Italia solo clasificaban dos africanos, después de ese Mundial se ganaron tres plazas plazas más hasta tener cinco participantes, eso es lo más importante. Y eso hizo hacer pensar a las generaciones que venían atrás que con trabajo y disciplina se podía lograr algo así. El Mundial es una competición muy corta, hay que estar físicamente frescos y con una concentración extrema. Nosotros llegamos muy bien a Italia.

— El de Omam Biyik no era un nombre conocido para la mayoría de los argentinos, pero hoy muchísimos aún lo recuerdan perfectamente.

— ¡Era mi compañero de habitación en ese Mundial! La noche previa al partido le dije: “Francois, tienes que descansar porque mañana vas a marcar el gol de la victoria”. Yo estaba relajado, porque me habían dicho que no iba a jugar. “Tú tienes que descansar”, le insistí a Francois. Y al final fue así. El era el punta que teníamos, rápido, ágil, iba bien de cabeza. Nosotros sabíamos lo que nos podía aportar.

“No podíamos creer lo que habíamos conseguido, porque, quieras o no, Argentina era la campeona y, sobre el papel, la favorita”, dijo N’Kono, de 63 años,

— ¿Qué se habían propuesto antes de aquel partido? ¿Pensaban realmente en ganar como algo probable?

— Lo que buscábamos más bien era hacer un partido que complicara un poco a Argentina. Sabíamos que eran muy importante los minutos iniciales del partido, hacerlos dudar de sus capacidades. Y es lo que hicimos al principio.

— Terminaron llegando a cuartos de final. Aquel Mundial fue un hito no solo para Camerún, sino para todo África, que nunca había estado entre los ochos mejores.

— Ese Mundial fue un antes y un después, sí. Si para Italia solo clasificaban dos africanos, después de ese Mundial se ganaron tres plazas plazas más hasta tener cinco participantes, eso es lo más importante. Y eso hizo hacer pensar a las generaciones que venían atrás que con trabajo y disciplina se podía lograr algo así. El Mundial es una competición muy corta, hay que estar físicamente frescos y con una concentración extrema. Nosotros llegamos muy bien a Italia.

— El de Omam Biyik no era un nombre conocido para la mayoría de los argentinos, pero hoy muchísimos aún lo recuerdan perfectamente.

— ¡Era mi compañero de habitación en ese Mundial! La noche previa al partido le dije: “Francois, tienes que descansar porque mañana vas a marcar el gol de la victoria”. Yo estaba relajado, porque me habían dicho que no iba a jugar. “Tú tienes que descansar”, le insistí a Francois. Y al final fue así. El era el punta que teníamos, rápido, ágil, iba bien de cabeza. Nosotros sabíamos lo que nos podía aportar.

— ¿Qué le dijo después de marcar ese gol?

— ¡Ni se acordaba! Yo se lo recordé… “Sí, sí, tenías razón”, me dijo.

Doce años después de aquel partido histórico en la apertura de Italia 90, N’Kono viviría una situación absolutamente inusual en las semifinales de la Copa Africa 2002, que se jugó en Mali. Camerún ganaría la semifinal 3-0 sobre el anfitrión y terminaría alzando su cuarto trofeo continental. Pero en aquella semifinal ocurrió algo inesperado: el ex arquero fue detenido, acusado de emplear «magia negra» contra la selección local. No pudo estar en el banco junto al cuerpo técnico durante la final y fue suspendido por un año, aunque tiempo después esa suspensión fue levantada.

— ¿Apeló a la magia negra, si es que esta existe?

— Es todo mentira, todo inventado. La gente en África es muy supersticiosa.

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